• Por Facundo Alvarez

    Politologo- Docente UBA 


Podría decirse que todo empezó en 1808 por obra de Napoleón. La forzada abdicación de los reyes españoles, la usurpación napoleónica del trono en favor José Bonaparte y la invasión francesa de la España peninsular desataron la crisis de la monarquía y desencadenaron la serie de dramáticos  eventos que desembocaron en el Acta de Independencia de las Provincias Unidas en Sud América del 9 de julio de 1816. La usurpación produjo una avalancha inmediata de efectos inesperados. La insurrección popular, la formación de juntas de gobierno local por toda la península y la guerra de guerrillas para expulsar a los franceses. También un vacío de poder y una crisis de legitimidad que sacudió al imperio español en toda su extensión.

Aquí, en el Virreinato del Río de la Plata, la crisis institucional española se manifestó plenamente en los sucesos que culminaron en la Revolución Mayo y la formación de la Primera Junta de Gobierno. La desarticulación institucional deriva en diversos conflictos de lealtad y autoridad que toman la forma de una guerra civil entre quienes apoyaban a la Junta y quienes continuaban reconociendo como legítimo al gobierno sustituto en la metrópoli y a las autoridades coloniales. En ese proceso político de autogobierno, atravesado por la lógica de la guerra, las alternativas van decantando cada vez más hacia la declaración de la independencia. La derrota definitiva de Napoleón en Europa y la restauración de la monarquía española en su formato absolutista fueron factores externos decisivos en ese proceso de seis años. Un proceso en el que rápidamente se pasa del autogobierno provisional en nombre del rey cautivo por Napoleón a el ejercicio pleno de la soberanía y la pretensión de obtener el reconocimiento internacional de dicha soberanía.

Pero este acto jurídico y político en el que una serie de provincias se unen para dar origen a una nueva entidad, una nueva nación cuya independencia proclaman, es también el acompañamiento del plan militar del General San Martín para liberar al Perú y abatir al núcleo del poder español en América. Por ello San Martín fue uno de los principales promotores de la reunión del Congreso de Tucumán, ejerciendo su influencia política principalmente a través de los diputados cuyanos: Justo Santa María de Oro y Francisco Laprida por San Juan, y Tomas Godoy Cruz y Juan Agustín Maza por Mendoza. Estos diputados cuyanos insistieron en comenzar cuanto antes las sesiones en declarar la independencia. Las necesidades militares y políticas del proceso emancipador aparecen así completamente entrelazadas. Y también lo estuvieron sus efectos no intencionales en el futuro inmediato.

El Congreso continuó sesionando, se trasladó a Buenos Aires, produjo la fallida Constitución de 1819 y fue uno de los factores  políticos de la crisis del proyecto centralizador porteño que derivo en la llamada anarquía del año 20. La negativa de San Martín de involucrarse con las tropas del Ejercito de los Andes en la defensa militar del gobierno porteño, para concentrar las fuerzas en completar la emancipación continental, fue el otro gran factor para la crisis del proyecto centralizador de Buenos Aires. La independencia se había asegurado, pero se iniciaba la ardua lucha de las provincias contra la recurrente soberbia y voluntad de dominio de Buenos Aires.

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Posted by Falvarez

Politólogo - Docente UBA