El liberalismo postula que se deben dar al menos tres condiciones para que haya un buen funcionamiento en el sistema democrático: una clara división entre los tres poderes del estado, alternancia entre los que ocupan cargos en los poderes ejecutivos y legislativos, y la distribución del poder a fin de que este no quede en pocas manos.

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Mendoza es presentada desde algunos centros mediáticos e intelectuales como una panacea institucional. Esto es fruto de un conjunto de situaciones, por un lado la imposibilidad de reelección del gobernador consagrada en nuestra centenaria constitución sumado a la existencia de un empate técnico en la correlación de fuerzas entre tres partidos (PJ, UCR y FIT), generan una alternancia casi obligatoria

Los  intentos de reformar la constitución provincial por parte del peronismo, alertó a algunos medios de comunicación y a algunos sectores políticos de la provincia. Quienes pensaron que esto significaría un quiebre en este equilibrio.

La aparición de editoriales, notas de opinión, entrevistas, todas orientadas a relatar la falta de apego a las normas republicanas, que históricamente, había demostrado el justicialismo, propagaban el miedo a convertirnos en alguna de esas provincias donde reina el caudillismo, el verticalismo y el atraso.

A partir de la última elección a gobernador el panorama cambio. Un frente de partidos políticos, hegemonizado por la UCR y con el PD –otrora tercera fuerza- como parte integrante de dicho frente, ganó las elecciones a gobernador, todas las intendencias del gran Mendoza y se alzó con mayoría en ambas cámaras legislativas. Las condiciones que permitían la república ideal mendocina han cambiado.

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Hoy con el silencio cómplice de los mismos que vociferaban contra las pretensiones reeleccionistas del peronismo, asistimos a la construcción de un nuevo caudillismo.

Pero no todo es silencio, aquellos que se mostraban orgullosos del funcionamiento institucional de nuestra provincia han cambiado. Ya no relatan atropellos institucionales. Destacan el orden y la necesidad de tomar de decisiones efectivas a fin de lograr el tan ansiado desarrollo. Ya no se quejan de las paritarias por decreto, de la falta de negociación con otras fuerzas políticas, del avance del poder ejecutivo sobre la justicia. Lo llaman “fortaleza” y no “falta de vocación democrática”.

Ante este nuevo turno electoral no nos advierten que, de votar al partido gobernante, la concentración de los resortes de decisión van a estar cada vez más concentrados. ¿Sera hora de empezar a sospechar que el relato que nos ofrecen no es más que una excusa para poner límite a gobiernos que nos responden a sus intereses?

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Posted by Lucas Lucero