“Tenemos que tratar de no robar, por lo menos 2 años en este país” dijo Luis Barrionuevo. Y con esta infame frase describió a la perfección una época donde la corrupción era moneda corriente.

Esto ha sido una constante en la política argentina, desde la Ley de Enfiteusis del gobierno de Rivadavia hasta el reparto de las tierras adquiridas en la conquista del desierto durante el gobierno de Roca, llegando a la actualidad en casos como los recordados pollos de Mazzorin en el gobierno de Alfonsín, la venta de Armas a Croacia y Ecuador durante el gobierno de Menem, las famosas coimas en el senado (Ley Banelco) de Fernando De la Rua, los casos de obra pública de Julio De Vido y Lázaro Báez y los recientes casos de concesiones aéreas a la empresa Avianca (MacAir) vinculada al presidente Macri y la condonación por parte del gobierno actual de la deuda de Franco Macri con Correo Argentino.

Pero desde el retorno a la democracia este fenómeno ha mutado. Ya no son casos de corrupción vinculados a un dirigente político determinado, sino que la sucesión de denuncias de corrupción ha conformado, en la sociedad,  una visión negativa de la política en su totalidad. Como consecuencia de esto la vinculación teórica entre Política y Poder cobra una dimensión negativa: la Política está asociada al Poder, y este a la Corrupción.

Política y Poder

La corrupción como fenómeno en la política ha producido un cambio rotundo en la concepción del poder en la sociedad, según Daniel García Delgado se ha pasado de una valoración positiva que existían en los años 60 y 70, como herramienta de cambio y emancipación, a una perspectiva pesimista, como fenómeno de opacidad, transacción y corrupción. El poder aparece básicamente como político y como algo negativo. Deja de ser concebido como instrumento de cambio o negociación para transformarse en objeto de denuncia y apartamiento. Lo cual es favorecido por cierta visión anti-política del neoliberalismo.

Como respuesta a esto vemos que surgen nuevos partidos o coaliciones, con plataformas discursivas sobre este fenómeno, o nuevos liderazgos, provenientes de otros campos como el deporte o la TV, desvinculados de los partidos tradicionales. Tratando de mostrar una visión “menos política de la política”, pero que en nada resuelve el problema en cuestión.

Para poder avanzar hacia una democracia fuerte y consolidada es necesario producir un cambio de rumbo en relación a este fenómeno. Para ello es prioritario que se comiencen a desarrollar políticas públicas concretas, destinadas a la lucha contra la corrupción, que hagan de la política una actividad más transparente. Pero esto será posible, también, en la medida que haya más participación por parte de los ciudadanos, que genere mayor control, transparencia y seguridad en los ámbitos de poder.

Tenemos que considerar que la corrupción, como la pobreza y la exclusión, son problemáticas estructurales en nuestro país y que, por lo tanto, no tienen una solución inmediata. Sino que necesitan análisis más profundos, que deriven en políticas de estado que trasciendan a los gobiernos.

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Posted by Ismael Genovese